Fue pobre, hijo de una campesina y de un artesano.
No fue sabio en el sentido en que los hombres entienden ser un sabio. Y fue humilde: jamás gustó del trato con los grandes de la tierra; antes bien escogió sus amigos entre los más pequeños. Alguna gente hablaba mal de él porque entre sus amistades había hombres y mujeres que no gozaban de consideración entre la sociedad.
Le gustaban los niños. Solía decir que los hombres debían hacerse como ellos si querían salvarse. Y se conmovía con aquellos que sufrían males de muerte, de enfermedad, de soledad o de pecado.
Seres de mezquindad somos los hombres. Pero cada año, en todos los confines de la tierra, millones de hombres hacen un alto en el camino, recuerdan a Jesús Niño y dejan que Su amor les ilumine el corazón.
Este día el mundo se vu