Capronio, majadero individuo, viajaba en la litera alta en el vagón dormitorio del tren. En la litera baja iba una guapa chica. Fingiendo demencia Capronio bajó el brazo y con la mano exploró cumplidamente los turgentes encantos de la chica. Ella, indignada, protestó por aquellos torpes tocamientos. ?¡Qué pena, señorita! -dice Capronio con simulada confusión-. Es que cuando estoy en mi casa, con mi esposa, antes de dormir tengo la costumbre de revisar abajo de la cama?. Le dice con acritud la chica: ?Y es la primera vez que encuentra a una mujer ¿verdad??... Propongo que a este hombre se le aplique la pena capital, con tal de que no sea tan grave. O castigo de azotes: mil, al menos, propinados por un impío sayón escogido entre los más vesánicos del gremio. Si no, entonces pido para él pris