"Lo principal en la vida es el dinero. La salud va y viene". Esa cínica frase era el lema de don Crésido, rico señor el de más grande fortuna en la ciudad. También solía decir: "El dinero no compra la felicidad, pero te permite alquilar algunos buenos ratos de ella". Se había mantenido soltero este señor, y eso le daba cierto grado de ventura. Una vez, sin embargo, don Crésido conoció a una muchacha, y le gustó. Preguntole ella: "¿Cuánto... Perdón: ¿cómo te llamas?". Él se lo dijo, y la mujer se apoderó del nombre. Quiero decir que arrastró a don Crésido hacia el matrimonio. Le puso "la tierna trampa" que cantó Sinatra. Aquello fue desgracia para el dineroso caballero, pues no es lo mismo caer en los brazos de una mujer que en sus manos. Poco tiempo necesitó la ávida fémina para agotarle s