"Me acuso, señor cura, de haber caído en pecado de fornicación". Eso dijo Afrodisio Pitoncio cuando fue a confesarse con el padre Arsilio, anciano sacerdote. Prescribió el confesor: "De penitencia reza un padrenuestro y un avemaría, y deja 5 pesos de limosna para los pobres". Días después Afrodisio volvió a incurrir en tentación de carne, y fue otra vez a confesar su transgresión. Ese día, sin embargo, el padre Arsilio no estaba en el confesionario. Su lugar lo ocupaba un padrecito nuevo. "Me acuso, padre -dice Pitoncio-, de haber caído en pecado de fornicación". Ordena el joven sacerdote: "De penitencia reza 100 padrenuestros y 100 avemarías, y deja 500 pesos de limosna para los pobres". "¡Cómo! -exclama el pecador-. ¿100 padrenuestros, 100 avemarías y 500 pesos de limosna? Oiga, padre: e