Aquel individuo resbaló en una tienda en cierta ciudad de los Estados Unidos. Hizo lo que allá se acostumbra: presentó una demanda contra el establecimiento. Por consejo de su abogado alegó que la caída lo había dejado paralítico, para lo cual se compró una silla de ruedas, y en ella se presentó al juicio respectivo. El jurado, conmovido por la desgracia del sujeto, condenó a la tienda a pagarle una indemnización de siete cifras. Al salir del tribunal el abogado de la parte perdedora dice al supuesto paralítico: "-Haré que los detectives de la tienda lo sigan día y noche, y comprobaré la falsedad de su parálisis". "-Que empiecen a seguirme desde ahora, licenciado -responde con cachaza el nuevo millonario-. En este mismo momento voy al aeropuerto. Tengo comprado ya un boleto de avión para P