EDITORIAL jueves 7 de dic 2006, 11:22am - nota 5 de 8

Plaza Pública| Los ministros eligen

Por: Miguel Ángel Granados Chapa


Por primera vez en la historia, los ministros de la Suprema Corte de Justicia elegirán a su presidente de manera abierta, con candidaturas expresas y búsqueda del voto a partir de propuestas que debieron ser registradas en los primeros cinco días de diciembre. Cuando el plazo terminó anteayer, eso hicieron seis de los diez ministros (el pleno se compone de once, pero el Senado no ha cubierto la vacante que se produjo el 30 de noviembre, al concluir sus funciones el ministro Juan Díaz Romero): Aguirre Anguiano, Gudiño Pelayo, Ortiz Mayagoitia, Sánchez Cordero, Silva Meza y Valls Hernández.

El ex presidente Góngora Pimentel, el saliente Azuela, y los ministros Luna Ramos y Cossío Díaz no participan en esta liza. Cuando vuelvan del receso invernal, el dos de enero los ministros elegirán mediante cédula (voto secreto) a quien encabezará el Tribunal por los próximos cuatro años. Se requiere un mínimo de seis votos para ser elegido (a fin de evitar la dispersión de los apoyos, posible en un número alto de aspirantes, como es el caso).

En tres ocasiones anteriores, cuando fueron elegidos los presidentes Vicente Aguinaco Alemán, Góngora y Azuela, el proceso fue informal. Los candidatos no necesitaban declarar que lo eran, aunque hacían proselitismo y se formaban grupos, que presentaban opciones encontradas. Se dio el caso en que un aspirante votara por sí mismo para romper el empate a cinco votos que antes de esa decisión dificultaba el desenlace. La elección del primer presidente ocurrió en sesión privada, mientras que la de Góngora y Azuela se hizo en sesión pública.

Aunque en la nueva época del Tribunal constitucional, inaugurada por el presidente Zedillo tras practicar la cirugía de caballo que descabezó al Poder Judicial federal, no está excluida por completo la influencia presidencial, antaño la elección del ministro que presidiera el pleno estaba marcada por el sello del Ejecutivo, que en algunas épocas podía integrar el máximo órgano judicial a su conveniencia o parecer. A partir de Enrique de los Ríos Ibargüengoitia, el primero en presidir la Corte organizada conforme a la Constitución de 1917 (lo fue precisamente del primero de junio de ese año al 30 de mayo de 1919), la suerte de los dirigentes de la Corte no fue ajena a las vicisitudes del Ejecutivo y la inestabilidad de la etapa de institucionalización. La instauración del Maximato en 1928 se tradujo en la designación del primer presidente de la Corte que no permaneció en su cargo sólo uno o dos años, como en la década anterior, sino un quinquenio completo, hasta 1933. Lo fue Julio García Pimentel (quien, si no me equivoco debutó en ese cargo cuando su pequeño nieto tenía dos años. Era su tocayo y se llamaba Julio Scherer García).

El presidente Cárdenas, que eliminó la inamovilidad judicial y designó ministros por seis años, colocó a su paisano Daniel Valencia en el máximo sitial de la Corte, de 1935 a 40. Lo reemplazó Salvador Urbina que, fueran quienes fueran los ministros de la década siguiente, fue elegido en enero de cada año, de 1941 a 1951, lo que significa que tuvo la confianza de los presidentes Ávila Camacho y Alemán (al punto de que éste lo hizo senador). En cambio, Ruiz Cortines parece haberse desentendido del asunto (o preferido que no hubiera una cabeza permanente en el Poder Judicial) porque hubo de nuevo presidentes por un periodo anual: Roque Estrada, Hilario Medina, José María Ortiz Tirado, Vicente Santos Guajardo y Agapito Pozo.

López Mateos, en cambio, hizo coincidir su sexenio con el de Alfonso Guzmán Neyra al frente de la Corte. Fue elegido interrumpidamente de 1959 a 1964. En enero de 1965, un mes después de la asunción de Díaz Ordaz Agapito Pozo volvió a la presidencia del máximo Tribunal y permaneció allí hasta fines de 1968, cuando se jubiló. Lo reemplazó en enero de 1969 (diez años después de su primera elección) Guzmán Neyra, que con sus designaciones hasta fines de 1973 estableció la marca de once años a la cabeza de la Corte, imposible de superar desde que se estipuló el actual término de cuatro años improrrogables. Echeverría concluyó su sexenio con Euquerio Guerrero y Mario (Guillermo) Rebolledo al frente de la Corte.

El de López Portillo quedó íntegramente cubierto con la presidencia judicial de Agustín Téllez Cruces, con el retorno de Rebolledo al final del periodo. Miguel de la Madrid hizo nombrar a dos presidentes: Jorge Iñárritu de enero de 1983 a abril de 1986, cuando se jubiló al cabo de medio siglo de pertenencia al Poder Judicial federal; y Carlos del Río, que lo reemplazó de mayo de 1986 a diciembre de 1990. Eso quiere decir que Salinas de Gortari lo mantuvo dos años en el cargo, y lo hizo sustituir en enero de 1991 por Ulises Schmill, reelegido al comenzar cada año judicial hasta que terminó el sexenio salinista.

Él encabezaba el Tribunal cuando el presidente Zedillo reformó radicalmente la integración de la Corte e instauró el Consejo de la Judicatura, presidido por quien lo hace en el Tribunal constitucional. En todos aquellos años los ministros votaban, a nadie le cabe duda, pero la decisión no estaba en sus manos. Solían aguardar a que desde la casa presidencial (Chapultepec o Los Pinos) llegara la indicación, sugerencia, instrucción u orden, según cada uno de los ministros y cada uno de los presidentes. Dentro de cuatro martes, en cambio, veremos a los actuales integrantes del pleno elegir, ante las cámaras del canal judicial a quien los encabezará.

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