Un viajero iba en su coche por la carretera cuando vio a la orilla del camino un anuncio espectacular que lo asombró. El gran cartel mostraba el rostro sonriente de una monjita linda y joven, y un letrero escrito en letras coloridas que decía: "¡Fornique usted con las Hermanitas del Convento de la Circuncisión!". Cerca, en efecto, el hombre vio un convento. Curioso y encendido en rijos se dirigió hacia ahí. Junto a la puerta conventual había un letrero que decía: "Suene la campana". Hizo sonar el tipo una de bronce que ahí estaba. Se abrió un ventanillo y asomó el rostro una monjita linda y joven, precisamente la que mostraba aquel anuncio. "Buenas tardes, hermano -le dice la linda sor al lúbrico viajante-. ¿Quiere usted fornicar con las Hermanitas de la Circuncisión?". "Si no es mucha mol