Aun en medio de la anarquía y el caos provocados por quienes son caóticos y anárquicos se efectuó ayer el protocolo republicano. Fueron cumplidas, como tenían que cumplirse, las solemnidades determinadas por la Constitución para que un Presidente electo rinda su protesta. Podía haber sucedido lo peor, y sucedió lo menos malo. El ala extremista y radical de PRD, los diputados y senadores porros, mantuvieron esa actitud cerril que tanto nos avergüenza e indigna; deslucieron el acto; mostraron otra vez su pertinaz obstinación para negarse al diálogo y a los acuerdos, pero no llevaron a cabo la intentona que habían anunciado, de impedir la toma de posesión del nuevo mandatario. Y es que dentro del mismo PRD se habían ya escuchado voces que condenaban la violencia y hacían un llamado a la razón