Pirulina, muchacha pizpireta, fue a consultar a un médico. Le dice: "Siento escalofrío y náuseas". El facultativo sonríe y dictamina: "Según esos síntomas, o tiene usted catarro o está embarazada". Responde con voz sombría Pirulina: "Seguramente estoy embarazada, doctor. Fui a Acapulco este fin de semana con cinco amigos, y todos tenían aquello que le platiqué, pero ninguno tenía gripe"... Al revés de Pirulina, Dulcilí era una joven doncella ingenua y cándida, espejo de la inocencia y la virtud. Cierto día un muchacho la invitó a salir. La mamá de Dulcilí se preocupó sobremanera: bien sabía que a su hija le faltaba la ciencia mundanal que una muchacha necesita para sofrenar la rijosa libídine del hombre y poner coto a su lubricidad. Le dijo, pues, a su candorosa hija: "Temo que ese hombre