El Ojo de Agua, barrio el más antiguo y tradicional de mi ciudad, Saltillo, ha sido pródigo en personajes ingeniosos. Uno de ellos fue don Francisco Gámez Cardona, llamado "La Gallina". Pajarero de oficio, fungía -según rezaba su tarjeta de presentación- como "Secretario General del Sindicato Nacional de Captores y Expendedores de Aves Canoras, de Ornato y Similares de la República Mexicana". Una vez le pregunté a don Pancho cómo apresaba las aves que vendía. "¿Cómo cree usted que las apreso?" -inquirió él a su vez. "Muy sencillo -respondí con suficiencia-. Les pone usted comida en una jaula. Entran a comer, y así las pesca". "Pues fíjese que no -me respondió-. Comida no les falta". "Ya sé -propuse entonces-. Pone usted en la jaula una pajarita. El instinto natural lleva al pájaro a acerca