Algunos diputados y senadores perredistas se obstinan en tratar de impedir que el nuevo Presidente de México rinda su protesta. Al hacer eso no sólo faltan al compromiso que asumieron al hacerse cargo de su representación, pues juraron cumplir y hacer cumplir la ley: también dañan a su partido, al que dan imagen de grupo violento y radical, y lesionan gravemente a México, pues por su causa nuestro país se ve en el mundo como nación que sufre atraso político, y donde la anarquía y el desorden son amenaza a la seguridad y la inversión. Hay que decir, sin embargo, que no todos los legisladores perredistas actúan con esa torpeza y esa ilegalidad. Algunos se han deslindado ya de la violencia que promueven aquellos malos perredistas y peores mexicanos, y anuncian que, si bien mantendrán su actit