La villa de General Cepeda, en mi natal Coahuila, es un hermoso sitio. Ahí vivió mi madre su niñez y primera juventud. Don José María Aguirre, mi señor abuelo, y mi mamá grande doña Liberata criaron ahí a sus nueve hijos entre los sobresaltos de la Revolución. Tenemos recuerdos de familia. Mi tío Rubén, niño, jugaba un día a las canicas con sus amiguitos en la plazuela del lugar cuando oyeron galope de caballos y estrépito de fusilería: entraban los federales en el pueblo. Corrieron todos los chiquillos, menos el más pequeño, mi tío Rubén, que se quedó para juntar sus canicas y las que dejaron sus compañeritos. Sintió de pronto en la pierna "algo calientito". Cuando llegó a su casa el pie le chacualeaba en el zapato lleno de sangre: una bala le había atravesado limpiamente el chamorro, sin