Simpliciano, joven inocente, anhelaba en secreto llegar a la intimidad de Pirulina, pero no se animaba a declararle su febril deseo. Una tarde iban por la calle y vieron a un perrito y una perrita haciendo lo que los perritos y las perritas hacen en la calle. ?¡Caramba! -exclama Simpliciano con tono insinuativo-. ¡Cómo me gustaría hacer eso!?. Le dice Pirulina: ?No lo hagas. Si los interrumpes los dos podrían morderte?... Don Martiriano estaba en su lecho de muerte. Con el último aliento se dirige a su mujer, doña Jodoncia: ?¿Podrías cumplirme un último deseo??. ?¿De qué se trata?? -pregunta recelosa la gorgona. Pide don Martiriano con voz feble: ?Ahora que quedes viuda cásate con Capronio?. ?¿Con Capronio? -se sorprende doña Jodoncia-. ¡Creí que lo odiabas a muerte!?. Replica don Martiria