En medio de la maldad humana -extraña purulencia en el alma de una criatura con vocación de bien- surgen espléndidos ejemplares de la especie que nos restituyen la fe en el hombre y nos regalan el don de la esperanza. Diré los nombres de dos de esos seres humanos plenamente humanos. El primero es una mujer. Se llama Mary Robinson; fue presidenta de Irlanda en los años noventas, y acaba de ganar el Premio Príncipe de Asturias en la especialidad de Ciencias Sociales. Al recibir ese importante galardón la señora Robinson recordó a los inmigrantes de todo el mundo. "Se nos incita a temerles -dijo-, pero aunque pertenezcan a una cultura distinta de la nuestra contribuyen a nuestra economía y al diseño de nuestras sociedades". Manifestó que hay más de 200 millones de inmigrantes en el planeta, e