Por CATÓN
Un irlandés entró en un pub de Londres. El cantinero le dice: "¿Puedo ofrecerle algo?". "Claro que sí -responde el tipo-. Un whisky". El barman se lo sirve; el irlandés lo bebe de un trago y después de dar las gracias se levanta para irse. "Oiga -le dice el tabernero-. No pagó usted el whisky". "Ni tengo por qué pagarlo -alega el de Eire-. Usted me preguntó si podía ofrecerme algo. Yo acepté su ofrecimiento, y se lo agradecí". El del bar, mohíno, se dio cuenta de que había caído en una trampa. Pero se desquitó: agarró al sujeto y lo arrojó a la calle. Pasó una semana, y he aquí que el irlandés regresó al pub. Muy campante se instaló en la barra, como la vez pasada. "Oiga -le dice el cantinero, ceñudo-. ¿No es usted el mismo que hace una semana se bebió un whisky sin pagar, y l