Por CATÓN
Aquel sujeto iba conduciendo su automóvil en forma errática. Un oficial de tránsito lo alcanzó en su patrulla y le ordenó que se detuviera. Le presentó un aparato para detectar por el aliento la ingestión de alcohol y le pidió: "Sople aquí". "No puedo, oficial -se disculpó el tipo-. Padezco asma, y si soplo me puede sobrevenir un ataque severo de la enfermedad". "Entiendo -dice el patrullero, comprensivo-. Entonces acompáñeme para que le tomen una muestra de sangre". "Imposible -responde el individuo-. Sufro de hemofilia. La punción de la aguja podría ser fatal". "Ya veo -contesta el oficial-. Pediré que la muestra sea de orina". "Tampoco eso es posible -dice el hombre-. Tengo un padecimiento renal que me impide orinar más de una vez por día, y ya lo hice". "Está bien -concede