Tres viejitos se hallaban en la estación del ferrocarril esperando la llegada del tren. Tan entretenidos estaban en su conversación que no advirtieron que el convoy había llegado ya, y sólo salieron de su distracción cuando el inspector dio el grito tradicional de ?¡Váaaamonos!?. Dos de los viejitos corrieron y muy apuradamente alcanzaron a subir al último vagón. Desde ahí se despidieron del que había quedado en el andén. Un empleado de la estación va y le dice al ancianito: ?No se apure usted, señor. Después de todo sus amigos pudieron tomar el tren, y en un par de horas sale el próximo?. ?Ahí no está el problema -replica acongojado el viejecito-. Ellos habían venido a dejarme a mí?... Aquellos esposos habían estado casados 40 años. Un día él le anunció a ella que su empresa había quebrad