Por CATÓN
Empédocles Etílez, ebrio con su itinerario, tenía fama de que podía distinguir a ciegas cualquier bebida que se le sirviera. Un día, bajo apuesta, el cantinero del lugar le vendó los ojos y empezó a darle copa tras copa de vinos y licores diferentes. Empédocles no sólo adivinaba la bebida: también decía la procedencia, marca, año de la destilación o la cosecha, etcétera. El cantinero, desesperado ya, le sirvió una copa de agua. La cató el temulento, y tras escupir con asco el líquido dijo desconcertado: "¡Ah caón! ¡No sé qué sea esa shingadera! ¡Lo que sí puedo decirte es que no se te va a vender!". (Nota: Si dices alguna vez: "Un vaso de agua", y alguien pretende corregirte diciéndote que lo correcto es decir: "Un vaso con agua", recuérdale sin pedantería que existe lo que se