Por CATÓN
Esta columna suele tratar de política y cosas peores. Hoy, sin embargo, contiene una historia de amor. Alguien dirá que el relato se halla fuera de sitio, pero el amor verdadero nunca está fuera de sitio -más bien está sitiado-, y la historia que voy a contar es de verdadero amor. Sucedió en mi familia, cuando yo era niño, y su recuerdo es entrañable para mí. Hay en la narración una frase que la ilumina y da sentido. No voy a desconocer (lejos de mí tan temeraria idea) la belleza y profundidad de las frases que han pronunciado grandes hombres como Goethe o el Chaparro Tijerina, ilustres mujeres como la tía Melchora o Madame de Staël. Pero la frase a que aludo fue dicha por un panadero, y por tanto tiene más miga, si me perdonan ustedes el pueril juego de palabras. Mas basta ya