Al día siguiente de la toma del Congreso por los diputados y senadores ?porrodistas?, algunos comentadores elogiaron ?la actitud pacífica? de López Obrador, quien no envió a sus mesnaderos a atacar el recinto de la Cámara. Poco tardarían en saber que el pacifista AMLO insistía en llevar adelante aquel asalto, y que sólo la opinión en contra de sus más próximos compinches -la palabra se oye mal, pero define bien- lo hizo desistir de la intentona. Ahora nos enteramos de que López le hará el favor al Ejército de permitirle desfilar, y recibimos también la noticia de que muy generosamente devolverá a los ciudadanos el Zócalo y el Paseo de la Reforma que mantenía en secuestro. Desde luego eso de no estorbar el paso del Ejército no tiene nada que ver con una actitud de pacifismo. Más bien se fin