Por CATÓN
Hay diminutivos que joden. Si López Obrador admite, o promueve, que su Convención lo nombre Presidente, pasará de ser loco -calificativo que ya le dan muchos mexicanos- a ser loquito, categoría que conlleva la burlona nota de inofensivo o inocuo. Procure AMLO conservar al menos la dignidad de la derrota, y no convierta su drama en un sainete. Los mexicanos ya tenemos Presidente electo: se llama Felipe Calderón. Así lo indicaron las urnas; así lo determinó la suprema autoridad electoral, cuyo dictamen es la verdad legal, absoluta, inatacable, la que otorga ese bien social valioso que es la certidumbre. Quien no acate esa determinación tiene como única alternativa echarse al monte, es decir marginarse de la civilidad, segregarse de la vida comunitaria y convertirse en bandolero.