Por CATÓN
Decir que la toma de la Cámara de Diputados por los perredistas fue una victoria pírrica equivale a ennoblecer esa barbarie con una alusión clásica. La deleznable acción constituye más bien una victoria pórrica, pues como porros actuaron esos malos legisladores -esos malos mexicanos-, que para tener derecho al fuero y a la nómina levantaron la mano y protestaron cumplir y hacer cumplir la ley sólo para días después alzar el puño y violar la ley en la primera oportunidad que se les presentó. Igualmente, celebrar que no haya habido violencia en ese acto es hacer una concesión a lo ilusorio. Claro que hubo violencia, y mucha, y grave. Por medio de la fuerza elemental los perredistas arrebataron la palabra a sus adversarios e impidieron la presentación del mensaje final del Presid