Hacía muchos tiempo que no tenía yo dimes y diretes con doña Tebaida Tridua. La ilustre dama, presidenta ad vitam (interina) de la Pía Sociedad de Sociedades Pías, se atribuló mucho con motivo de los sucesos acaecidos en la Ciudad de México. La afligió especialmente la toma del Paseo de la Reforma, que le trae memorias dilectas de su juventud. Por tal motivo se había alejado un poco de la tarea que le corresponde: vigilar las buenas costumbres de la sociedad. Pero leyó el relato que ahora sigue, y sufrió una convulsión ataxofémica que la privó del habla y la dejó sumida en estupor profundo. Más de dos días anduvo la señora como alma en pena por los aposentos de su casa, sin dormir, sin probar alimento ni bebida. Cuando recobró las tres potencias del alma -memoria, entendimiento y voluntad-