Por CATÓN
Es triste y es molesto tener que hablar todos los días de López Obrador. Triste, porque mil cosas buenas hay en México merecedoras de esa atención que ahora debe concentrarse en todas las cosas malas que hace este mal político, este político malo. Molesto, porque el escribidor se cansa de hacer la reseña cotidiana de los abusos y despropósitos de AMLO. El último es anunciar la posibilidad de que su risible "Convención Nacional Democrática" -que ni es convención, ni es nacional, ni es democrática- lo proclame Presidente de la República. López Obrador está pasando de la demencia a la farsa. La locura tiene algo de dramático, pero la farsa se instala en el ridículo. Por eso es explicable que mientras AMLO se apropia de las calles -es lo que sabe hacer- algunos de sus cercanos seg