Por CATÓN
Doña Jana, portera de la vecindad, era madre ya de once hijos, y las señales de un próspero embarazo anunciaban al que completaría la docena. Ella se pasaba la vida inclinada sobre el lavadero, dale que dale al agua y al jabón para tener albeando la ropa de su prole. Un día la visitó el señor cura don Arsilio. Le dijo con suave tono de reproche: "Oí que vas a tener otro hijo, Jana. ¿En esta ocasión sabes al menos quién es el padre de esa criaturita?". "Ay, señor cura -suspira a ella-. Cuando lavo inclinada sobre el lavadero estoy tan ocupada que nunca tengo tiempo de voltear a ver quién fue"... Varios sordomudos estaban en la cantina conversando en el lenguaje de las señas. Súbitamente el movimiento de sus manos se volvió agitado. De inmediato el cantinero fue hacia ellos y lo