Reportajes viernes 18 de ago 2006, 11:22am - nota 1 de 1

ESPECIAL| Una violación militar

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El caso de las mujeres violadas por soldados en Castaños se pierde en los laberintos de la secrecía castrense. Pero queda el testimonio de las mujeres para evitar la impunidad.

EL SIGLO DE TORREÓN

CASTAÑOS, Coah.- De niña, Minerva quería ser soldado. Cuando vivía junto a su abuela en una pequeña casa contigua a la base militar de Monclova, donde ahora está un museo, todas las mañanas se despertaba al escuchar el clarín que marcaba el inicio del día en el cuartel.

Ahora, a sus 25 años, Minerva (no es su nombre real) conoció el lado oscuro de los que solía admirar. El martes 11 de julio, al menos cinco militares la violaron en el bar El Pérsico, de la zona de tolerancia de Castaños, donde trabajaba de mesera y bailarina, donde irrumpieron entre 15 y 20 militares, que violaron a las demás mujeres que estaban ahí.

Sin saberlo, Minerva quedó inserta en un drama del que aún se conoce poco, porque la misma institución que ella misma adoraba tiene una fuerte inclinación hacia secreto que pocos pueden quebrar.

Pero todavía recuerda. Recuerda cómo, en las tardes de su niñez, al acabar la tarea de la escuela, su pasatiempo favorito era pararse, con su hermana mayor, en la plaza frente al edificio militar para ver a los soldados marchar.

La diversión era contar a cada uno de los militares. ?El chiste era ver quién los contaba más pronto; a veces nos confundíamos porque todos estaban vestidos de verde y teníamos que volver a empezar?, recuerda.

Veían quién tenía más insignias y se paraban frente a los uniformados y les hacías gestos para obligarlos a reír, aunque recuerda que muy pocas veces lo conseguían.

Minerva y su hermana nacieron en Monterrey, pero cuando Minerva tenía siete años su madre murió y tuvieron que emigrar con la abuela a Monclova. A su padre no lo conoció, pues perdió la vida en un accidente de trabajo semanas antes de que ella naciera.

Cuando Minerva estudiaba la secundaria, el Gobierno cambió la sede del cuartel, la abuela murió y ella y su hermana tuvieron que dejar de estudiar. Trabajó como ?cerillo? en un supermercado, limpiaba las ventanas de una zapatería, sirvió café y comida en un restaurante que estaba a la salida de Piedras Negras y a los 19 años se enamoró de un trailero que la llevó a vivir a Nuevo Laredo.

Un año después quedó embarazada y su novio la abandonó. Regresó a Monclova, tuvo a su bebé y una amiga la invitó a trabajar, de mesera, en un restaurante de traileros en Castaños, cerca de Monclova.

?Mi amiga me dijo que tenía bonito cuerpo y que estaba muy joven y que podría sacar buen dinero por las propinas trabajando nada más como mesera en un restaurante?.

En unas semanas, ya se había involucrado en el ambiente nocturno y terminó bailando con los clientes del salón El Pérsico de la zona de tolerancia del mismo municipio.

?Pa? lo que le quieran hacer?

Hace un mes, la madrugada del martes 11 de julio, Minerva trabajaba en El Pérsico cuando un grupo de entre 20 y 30 soldados del Ejército Mexicano, uniformados y con fusiles al hombro, irrumpió en el cabaret y la obligaron a desnudarse junto a sus compañeras. Tras golpearla, la sometieron una y otra vez.

?Estaba sentada con un cliente y de repente vimos que en la pista dos hombres se empezaron a pelear. Los policías los separaron y se los llevaron a la celda. Luego a uno de ellos lo dejaron ir dizque porque era soldado y cuando se iba nos amenazó con que iba a regresar para vengarse, pero nadie le hizo caso?, cuenta.

Una hora después, un convoy militar de varias Hummers repletas de militares irrumpió en la zona de tolerancia. Los soldados se desplegaron por todos los rincones de El Pérsico y empezó la agresión.

Primero golpearon y desnudaron a los policías municipales que resguardan el lugar y después la arremetieron en contra de las meseras y sexoservidoras.

?Nos levantaron y nos pusieron frente a una pared. Luego dos de ellos me sujetaron de los brazos y me llevaron atrás (donde hay cuartos que se rentan por minutos para el sexo entre los clientes y las trabajadoras). Me metieron ahí, me desnudaron, me rompieron el vestido y luego me aventaron a la cama.

?Dos soldados me agarraban bien fuerte de los brazos y otro se me subió y me violó y cuando terminó me empezó a golpear. Me gritaba que era una pinche puta, que no valía nada y luego le dijo a los demás: ahí se las dejo, pa? lo que le quieran hacer?.

Minerva no recuerda exactamente cuántos militares la violaron, pero está segura que no fueron menos de cinco.

?Lo que pasa es que el cuarto estaba lleno de soldados porque después de mí, metieron también a otras dos compañeras a las que les hicieron lo mismo?.

Afuera, a una de las víctimas la golpearon, la violaron en grupo y uno de los soldados le introdujo la punta del rifle en la vagina.

Los soldados se fueron. Lo único que se sabe es que cinco de ellos -tres tenientes, un sargento y un cabo- se encuentran detenidos en una prisión militar de Mazatlán, Sinaloa.

La investigación ha transcurrido de forma lenta porque la Procuraduría General de Justicia en el Estado, a cargo de Jorge Torres Charles, no ha exigido a la Secretaría de la Defensa Nacional que entregue a los agresores.

De acuerdo con datos de la PGJE, fueron 13 las mujeres que presentaron denuncia por violación, lesiones y robo y se estima que sean entre 15 y 20 los militares involucrados en la violación masiva.

Los soldados eran del 14 Regimiento de Caballería Motorizada de Múzquiz y en esos días eran los encargados de resguardar los paquetes electorales del Distrito 03 en Monclova.

Apenas el 16 de agosto, más de un mes después de los hechos, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) reveló los nombres de los involucrados a la PGJE, éstos fueron:

Norberto Carlos Francisco Vargas, Juan José Gaytán, Santiago y Fernando Adrián Madrid, quien al parecer violó a dos mujeres. También Norberto González Estrada, Ángel Antonio Hernández Niño, Alejandro Ramos, Juan Venegas y Luis Humberto Mauricio.

Otros identificados fueron Omar Alejandro Ángel Fuentes, Joaquín Alvarado Torres y Ricardo Hernández Hernández. Se presume que los dos primeros se encuentran prófugos y el último desertó del Ejército antes de los hechos.

Fuera de los cinco detenidos que se ubican en Mazatlán, no se sabe dónde están los otros. Torres Charles dice que esperan que la Sedena decline juzgarlos bajo la justicia militar para que sean procesados en el fuero común. De ser culpables, los soldados enfrentarían hasta 21 años de cárcel.

?No sé por qué lo harían?

Minerva se recupera de los golpes y de la agresión, pero una de sus compañeras abortó de un embarazo de tres meses y otra más, al parecer la que fue violada con el fusil, está en riesgo de contraer peritonitis.

?Dicen que ella está desecha, no sólo por lo físico, sino por lo emocional, dicen que no quiere hablar con nadie y que ni come?, dice Minerva.

?¿Tú cómo te sientes?

?Bien, dentro de lo que cabe. Mi preocupación era haber quedado embarazada, no por otra cosa, sino porque no podría mantener a otro hijo. Me hicieron estudios y parece que tampoco contraje ninguna enfermedad y si Dios me ayuda al ratito saldré de los golpes que me dieron y eso es lo que espero, porque tengo que empezar a trabajar otra vez para mantener a mi hijo?.

?¿Piensas regresar a donde mismo a trabajar?

?No, la verdad no. Pienso ir a buscar trabajo en alguna otra parte, pero ahí ya no, no podría y le pido a Dios que me ayude para recuperarme y buscar trabajo, no sé dónde, a lo mejor en alguna empresa, en alguna maquiladora, no sé, donde sea menos ahí, aunque gane menos, no importa, pero ahí ya no regreso?.

Después de la experiencia, la admiración que sentía Minerva por los soldados desapareció.

?La verdad no sé por qué lo harían, ojalá Dios los perdone por eso. Cuando era niña los admiraba mucho y algunas veces le dije a mi abuela que yo quería ser soldado, pero no, ahora no, claro que no. Porque se supone que ellos están para cuidarnos, no para humillarnos como lo hicieron?.

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