EDITORIAL lunes 10 de mar 2003, 11:22am - nota 5 de 7

Pedro Ferriz Santacruz

Por: Pedro Ferriz Santacruz


He guardado para el final de esta entrevista que me hace el licenciado Cuauhtémoc Anda una semblanza del Gran Premio de los Sesenta y Cuatro Mil Pesos.

Yo quisiera principiar diciendo que aunque la producción del programa se parecía mucho al programa americano de los Sesenta y Cuatro Mil Dólares, tuvo en realidad un origen mexicano como lo fue el programa de XEW, Tómelo o Déjelo. Solamente que tenemos que decir que este Tómelo o Déjelo era a lo pobre, empezaba con un peso, dos, cuatro, ocho, dieciséis, treinta y dos y sesenta y cuatro pesos.

En realidad este fue un programa original mexicano en donde yo participé como concursante y aunque hubo otros programas similares en otras partes del mundo como en Italia, el famoso Lascia o Redoppla, que quiere decir Tómalo o Dóblalo.

En el programa mexicano se había pensado que participáramos Danielito Pérez Arcaráz y yo. Estamos hablando de 1956. Posteriormente consideraron en publicidad Salas de mi compadre Eugenio Salas y Silvia Derbez, padres de Eugenio Derbez y de Rafael Rivapalacio que llegó a ser el alma del programa, por su honradez, su viveza y su decisión de hacer un programa – verdad.

Consideraron, repito que era preferible un solo maestro de ceremonias como Hal March en los Estados Unidos, entonces me manda preguntar Jerónimo Arango de Aurrerá, que iba a ser el patrocinador, cuáles serían mis honorarios. Yo, pensando en la importancia del programa le pedí mil pesos por sesión. El licenciado Rafael Rivapalacio me dijo muy a su pesar que el señor Arango me mandaba decir que por mil pesos mensuales él tenía muchos empleados que ganaban eso.

Tranquilamente le mandé decir al señor Arango que le pasara el programa a sus empleados. Rivapalacio parpadeó y me dijo: - Mira viejo, así nos decíamos, se lo voy a decir tal cual. – Pues díselo.

Entró al programa un muy querido y admirado compañero Carlos Albert. Yo pensé, éste se va a quedar con el programa porque es muy inteligente y muy simpático. Principió la serie llamada el Gran Premio de los Sesenta y Cuatro mil Pesos. Pero las dificultades empezaron muy pronto, porque alguno de los primeros concursantes al ser reprobado se puso a discutir con Albert, que si era muy difícil la pregunta, que si algunos autores consideraban otra cosa o que simplemente el concursante tenía la razón.

Entonces Carlos que era muy simpático y bonachón – Está muy bien Señor o Señorita según el caso, les voy a consultar a los enciclopedistas cuál es su decisión final.

Así, este extraordinario locutor mexicano que también fue cronista de toros, iba perdiendo autoridad, porque a todo aquel concursante que reprobaba se ponía a discutir con Carlos y la verdad, Albert ya no sabía qué hacer.

Las cosas se pusieron peores en cada programa hasta que en el noveno juego de preguntas, Carlos confundió artrópodos con antropoides. Eso no hubiera tenido mayor problema, una equivocación cualquiera la tiene, pero ya los Sres. Arango estaban muy nerviosos porque el programa no despegaba. Nadie sabía quién tenía la autoridad, a nadie se podía reprobar, era lo más difícil después de que todo era miel sobre hojuelas cuando contestaban bien, cuando no sabían la respuesta, uno mismo sentía feo al reprobar al concursante, pero muchos de ellos tomaron el camino de la discusión.

Entonces el productor Rafael Rivapalacio me habla por teléfono muy angustiado un miércoles, porque el programa era los martes y me dice: - Viejo, el señor Arango me dijo, oiga Rafael tráigase al de los mil pesos. Al comunicármelo yo me percaté de que tanto el productor como patrocinador y la estación misma estaban temerosos de que el programa no pudiera surgir como el gran programa que llegó a ser el programa de la familia mexicana que todos esperaban los martes a las 8:30 por canal Dos. Entonces, confieso que me aproveché y le dije: - Mira viejo, ya no van a ser mil pesos van a ser mil doscientos y cada nueve programas me deben de subir el 20 por ciento, y lo aceptaron.

Esto demuestra que de pronto los sueldos de los locutores subieron en forma meteórica.

Repito que el programa tenía todo el formato y producción del americano: La escenografia, la música, en la que intervenía el gran organista poblano Carlos Oropeza, una batería y un bajo. Había un representante del Banco de Comercio que era el encargado de custodiar el premio. La interventora de la Secretaría de Gobernación, la señora Dromundo, hija de don Baltasar. El representante del banco era Lucio Blanco. Y la famosa áureo-cabina.

En el principio del programa, se oía la voz extraordinaria de Pedro de Lille que acompañaba la imagen del concursante más avanzado de la semana anterior y decía: - ¡La semana pasada concursando en el tema de Miguel Ángel Buonarroti el Señor fulano de tal ganó tal cantidad, diga si se queda con ese dinero o sigue Aurrerá por el doble!

Todo esto acompañado desde luego por la música que era muy peculiar, tanto en la entrada como en la salida había música feliz cuando acertaba y otra música, aunque no triste, diferente cuando el concursante erraba.

Cada concursante que se iniciaba tenía que llegar a cuatro mil pesos con preguntas con mil, dos mil, tres mil y cuatro mil pesos. Si se acercaba a los cuatro mil quedaba en pie para la siguiente semana. Pero cuando yo llegué al programa dos meses después de que había comenzado, nadie había ganado los 64 mil por la sencilla razón de que 32 mil era mucho dinero y nadie quería arriesgarse a perder dicha cantidad, aunque siempre había un premio de garantía.

Yo me acuerdo que el primero que llegó a 32 mil pesos y se retiró, fue miembro de una familia de Tlaxcala que tenía una gran fábrica de telas. Desgraciadamente, Cuauhtémoc, no recuerdo el nombre, pero he de averiguártelo. Este muchacho estaba a punto de casarse y como no le soltaban el dinero tan fácil en ese tiempo a los muchachos, se quiso retirar. Entonces se me ocurrió decirle: - Le voy a proponer un trato. El programa quiere que alguien se lleve los 64 mil pesos. Desde luego de acuerdo a las normas del programa Usted se puede retirar pero le podemos dar estos siguientes ocho días para que estudie y pueda llevarse los 64 mil.

En estas situaciones Rivapalacio entraba en funciones y con una gran sencillez pero absoluta honestidad me dijo: - Viejo, no le podemos regalar el premio. Si no contesta le vamos a tener que dar 32 mil pesos pero eso está en contra de las reglas, pero hiciste muy bien, alguien tiene que ganar los 64 mil en forma honesta. La oficina de don Genaro Fernández Mac Gregor que era en donde se gestaban los cuestionarios elaboró una pregunta obviamente difícil para 64 mil pero nosotros ideamos, que las preguntas fueran más, es decir muchas, pero un poco mas fáciles. Y así fue como resolvimos el problema.

Sin embargo la gente, choteaba el asunto y decía que eran demasiadas preguntas, pero no se daban cuenta que es mas difícil una sola pregunta de un grado de dificultad superior a diez preguntas en donde el concursante aunque no contestara todas y reprobara, podía demostrar que aunque no contestara estaba enterado del tema porque una de las cosas que más les preocupaba a los concursantes en un programa donde todo México los veía, eran sus amigos, su familia, sus compañeros del trabajo. De todas maneras el programa tenía ese tinte dramático, festivo y emocionante en grado sumo porque de pronto se convertían en personajes populares; pero no por un capricho de alguien sino por su preparación y cultura.

Hubo gente extraordinaria que participó de esa fama bien merecida que les ganó su actuación. El teleauditorio aprendió muchísimo con ellos y el maestro de ceremonias también.

Yo recuerdo a un concursante que he vuelto a ver con cariño, es un periodista le llamábamos el pelón del politécnico y estaba inscrito en Oscar Wilde y ganó los 64 mil pesos por su sabiduría y amor a la literatura de Wilde. Era estudiante y obviamente muy joven. A este muchacho los hermanos de la novia, que esperaba bebé le exigieron que se casara con la hermana. Cosa que hizo, pero inmediatamente los divorciaron pero cuando ganó los 64 mil le exigían la mitad. Él había llevado un asesor, cosa que se valía en la pregunta de los 64 mil pesos. Hábilmente el muchacho después de recibido el cheque se lo dio al asesor que era su padrino. Y al no entregarles el documento que era por 64 mil pesos, lo golpearon a la salida de Televicentro. Afortunadamente intervinieron los policías de Tele Sistema y salió bien librado.

Hubo de todo en el programa, como aquella señora ama de casa doña Catalina Torres Hernández que se inscribió en el tema Albert Einstein su vida y su obra, la Señora sabía todo. Todavía ahora la recuerdo con admiración y cariño.

Me acuerdo de la pregunta de los 32 mil y 64 mil.

Dígame Usted Señora la fórmula de las estrellas frías. Contestó perfectamente bien y quedó en 32 mil.

La pregunta final fue:

Dígame Usted Señora la fórmula de las estrellas calientes y ganó el Gran Premio.

Iba con toda su familia y todos la aplaudimos maravillados.

Recuerdo también al gran humorista Pepe Peña. Actuó con un desparpajo y llegó a los 64 mil pesos en el tema de José María Morelos y Pavón. Tuvo un titubeo en la escena de la muralla de Acapulco y el Paso a la Eternidad que es clásico. Vino la duda y yo estaba a punto de reprobarlo, pero se salió de la cabina y nos echó un discurso sobre Morelos, caso único y en medio de la alegría grité: ¡correcto! Todo el mundo lo festejó y veremos porqué.

Pepe Peña había sido alcohólico, pero ya tenía muchos años sin tomar, invirtió su dinero para irse a España para ir al Archivo de Indias, cosa que hizo pero también volvió al vino, al tapeo que es algo así como la botana aquí en México y volvió como se dice a agarrar la jarra. Murió poco después víctima de una úlcera gástrica. Tuvimos grandes concursantes como Raúl Pantoja Gil que concursó tres veces, primero en Televisa y luego en Televisión Azteca. Ganó en el tema de Hidalgo que por cierto como tú nos has dicho, cumple el ocho de mayo de 2003, 250 años de nacido.

Cómo olvidar al doctor Ulises Casab Rueda que concursó en el difícil tema de la Ilíada y la Odisea, recuerdo la pregunta: Diga usted Doctor, los nombres de los doce defensores de Atenas, también los doce agresores de Atenas y también los doce estandartes de los atacantes y de los defensores.

Los expertos estaban de acuerdo en que Ulises podía decir la Ilíada y la Odisea al derecho y al revés; no puedo olvidar a doña Trini, a Jorge Sánchez, chofer al que don Ernesto Uruchurtu le regaló un taxi con todo y placas, a doña Consuelito y a una pléyade de abnegados hombres y mujeres entre los cuales mi amigo “El Che” Reyes inscrito en el tema Rubén Darío y a Pepe Alameda, el poeta del micrófono inscrito en el tema Federico García Lorca. “El Che” Reyes, llevó a Margarita de Bayle, la musa inspiradora de Darío la llevó al programa.

Te narro todo esto con sentida emoción. Ellos y Rafael Rivapalacio fueron aquéllos por su sabiduría y éste por su honradez el alma del éxito de este programa inolvidable.

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