Capronio, ya se sabe, es un sujeto ruin y desconsiderado. Cierto día alguien llamó a la puerta de su casa. La abrió Capronio y vio ante sí a un hombre de estrafalario aspecto y mirada extraviada, como la que tiene ahora aquél que les platiqué. Con voz gutural dice el sujeto: "Soy el Estrangulador de Boston". Se vuelve Capronio y grita: "¡Vieja! ¡Aquí te hablan!"... Los Sanborns tienen en mí un asiduo parroquiano. Me gusta el café de Sanborns; me gustan sus serviciales meseras, vestidas con un inventado atuendo mexicano que se ha vuelto ya tradicional; me gusta su tienda de departamentos, donde hallas siempre cosas buenas para regalarte o para regalar. Siempre que voy a la Ciudad de México, cuyo corazón está ahora secuestrado, cumplo el devoto rito de ir al Sanborns de Los Azulejos, que esp