Tres formas hay seguras, dicen, de hacerse rico en México: el agio, el plagio y el sufragio. El agio, en efecto, es garantía de ganancia cierta. Ya no se trata aquí de aquellos sórdidos avaros al modo de Dostoiewsky o de Balzac, mujeres y hombres sombríos que prestaban dinero con usura y al final morían asesinados, o con una rata en la boca, en soledad. Se trata de los agiotistas de cuello blanco, institucionalizados, cuyos exorbitantes intereses les rinden cada año ganancias de estratósfera a costa de las posibilidades de inversión y desarrollo del País. El plagio es también fuente de dinero fácil, y ahora medio para buscar poder, porque hay quienes plagian personas, y les llaman delincuentes, y otros que secuestran ciudades, y les llaman luchadores sociales. En ese caso están los tristem