Recordemos el caso de aquel predicador protestante que en tono apocalíptico clamaba ante su congregación: "¡Hermanos! ¡Luchemos contra los pecados que nos llevan al infierno! ¡Yo he librado ya ese buen combate, y con ayuda del Señor he salido victorioso! ¡Maté a la bestia de la envidia! ¡Maté a la bestia de la soberbia! ¡Maté a la bestia de la lujuria!...". Interviene desde su banca la esposa del pastor: "Menos jactancia, Calvin, menos vanagloria. A esa última bestia no la mataste tú: murió de muerte natural". Así, de muerte natural, irá muriendo el movimiento de violencia emprendido por López Obrador y mantenido por él cada vez con mayor desesperación y menos posibilidades de éxito. Ciertamente la última palabra no está dicha, pero es poco probable que el conteo acordado por el Trife alte