EDITORIAL lunes 7 de ago 2006, 11:22am - nota 4 de 9

Respetar a México

José Espina

La semana pasada, la Ciudad de México fue el escenario de los actos que protagonizó el Partido de la Revolución Democrática orientados a intimidar al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, respecto del fallo con el que ratificará o no los resultados de la jornada comicial del dos de julio.

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En este compás de espera, mientras la inmensa mayoría de los mexicanos sigue desarrollando sus actividades productivas en todo el país, en la capital, los integrantes y simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador acuden a su llamado para bloquear indefinidamente calles y avenidas importantes.

Tomar plazas públicas, empuñar el megáfono, romper el pavimento para anclar las carpas bajo las cuales matarán el tiempo jugando a las cartas, echándose una mano de dominó, una partida de ajedrez o, por qué no, una “cascarita”.

Los “activistas” deambulan con tedio por los campamentos y por sus zonas aledañas y ante la falta de sanitarios, utilizan para dar cauce a sus necesidades fisiológicas cualquier poste, pared, prado o parques tan emblemáticos como la Alameda Central.

Aparcar en lugares prohibidos decenas de automóviles y autobuses en el primer cuadro de la capital, en los que se transportan los campistas, es ya un asunto cotidiano en la capital, frente a la mirada frustrada de los “guardianes del orden” quienes recibieron instrucciones de los altos mandos policiales de no proceder como marca la Ley.

Todo ello ocurre con la actitud complaciente, irresponsable y facciosa del señor Alejandro Encinas, quien se supone es el jefe de Gobierno del Distrito Federal, es decir, quien debería cumplir y hacer cumplir la Ley.

La Ciudad de México ha sido secuestrada por quienes no lograron los resultados esperados. Ante su derrota, han tomado como rehenes a millones de personas que ven coartada sus libertades de tránsito, reunión y trabajo.

Lo más absurdo dentro de la parafernalia que López Obrador y sus colaboradores han generado con base en el mito de que él ganó, es que secuestrada la Ciudad y sus habitantes, los captores exigen a los secuestrados para su liberación algo que éstos no pueden dar: que decidan que se recuente voto por voto y casilla por casilla.

Tal decisión no corresponde a los candidatos ni a los partidos; es facultad exclusiva del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, así lo marca la Ley.

Los mexicanos ya votamos y los votos ya se contaron por cientos de miles de mexicanos el dos de julio. La verdadera defensa de la democracia consiste en el respeto a la voluntad popular expresada en las urnas así como a las instituciones responsables de organizar y calificar el proceso electoral. Respetar el voto es respetar a México.

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