Hay en el cementerio de Ábrego una tumba olvidada. No hay olvido mayor que el de una tumba olvidada. En ésta, sin embargo, puede oírse una voz:
"Cuando se embriagaba el maestro de la escuela solía decir que no hay alma ni Dios, y que todo termina con la muerte. Pero yo desde entonces ya sabía que eso no es cierto. Yo, que apenas aprendí a leer, sé que hay cosas que no se ven, y sin embargo existen. Se puede ver el grano de trigo, pero no ves el alma que trae dentro hasta que lo sepultas en la tierra, y el grano muere, y de él sale la planta: las hojas verdes, el tallo, la colmada espiga. Cuando la muerte me llegó presentí que algo no moriría en mí. Ahora sé que bajé a la tierra, como el grano de trigo, y que la muerte liberó una vida que llevaba en mí sin conocerla, del mismo modo que el