Un joven y apuesto vendedor llamado Chamarilo llegó a la remota casa donde vivía don Geroncio, añoso granjero, con su esposa Pompiliana, garrida moza de muy buen ver y de mejor tocar. Le abrió la puerta ella. "Retírese por favor -le dice sin más al vendedor-. Mi marido es muy celoso. Me tiene ordenado que silbe para avisarle cuando un hombre llega aquí. Si eso sucede él viene corriendo, echa con malos modos al visitante y a mí me maltrata?. "Pero, señora -replica el vendedor-. Lo único que quiero es mostrarle mi mercancía: peinetas, listones, moños, blusas, vestidos...?. "Le digo que no puedo atenderlo, joven -repite Pompiliana-. Sobre la Biblia le juré a mi esposo que chiflaría siempre que un hombre llegara a nuestra casa. Si no se retira usted tendré que chiflar. Debo cumplir esa sagrada