Escribo esto que escribo el domingo temprano en la mañana. Ya voté -en la casilla me dijeron que fui de los primeros en hacerlo-, y luzco ufano en el pulgar de la mano derecha la seña del ciudadano cumplidor. Millones de mexicanos hicieron lo mismo que hice yo. De todos esos actos individuales derivará la expresión de una voluntad general que espero sea tan clara que nadie la pueda impugnar sin fundamento. Lo que más deseo para México es la paz. Tal es la fuente primera de donde emanan todos los bienes que juntos forman el mayor bien, el bien común. A la hora en que esto escribo no conozco aún el nombre de quien será el próximo Presidente de México. Lo sabré junto contigo, y al saberlo desearé para él, sea quien sea, la mejor ventura, pues de su suerte dependerá en buena parte la de México