Lo primero es votar. El voto es la manifestación más directa de la democracia. Es también el primer indicio de la libertad, pues votar es elegir, y en eso consiste la libertad: en la posibilidad de elegir, ya sea entre dos candidatos o entre dos marcas de jabón. Este día los mexicanos iremos a votar. Elegiremos no sólo al próximo presidente de México: elegiremos además el futuro que deseamos para la nación. En circunstancias normales ese futuro nos preocuparía únicamente en relación con los próximos seis años: estaríamos eligiendo presidente por un sexenio, nada más. Pero sucede que en la boleta aparece López Obrador, y de él puede esperarse cualquier cosa. Quizá si es electo no llegaría al extremo de alterar la vida institucional de la República para reelegirse (tampoco esto se debe desca