Acá donde yo vivo hay muchos locos. De seguro también los hay donde tú vives, pues la cordura es un artículo cada vez más escaso en este mundo. En el planeta hay locos que promueven guerras; otros que se dedican a atesorar dinero; los hay que buscan tener poder para tener poder, y algunos más, en fin, que se dedican a orientar Repúblicas. También hay locos de Dios. Esa locura suele ser muy peligrosa. Los locos de mi tierra, sin embargo, son mansos y pacíficos. A veces dudo de que sean locos, así de sensata es su insensatez. Profesan una locura razonable, por así decirlo. Cada demente es muy de mente. Tome usted, por ejemplo, el caso del Pilín. Su nombre era Porfirio -digo "era" porque Pilín es ahora loco celestial-, pero el apelativo le quedaba grande, pues tenía corta la estatura y esmirr