?Incertidumbre es el dolor de amar?. Lo dijo Gonzalo Curiel, gran dicente de cosas de amor y desamor. Yo digo que esa incertidumbre -la del amor- es casi certeza notarial si se compara con las incertidum-bres de la democracia. En ella puede suceder lo mejor, lo peor y todo lo demás. En una democracia nadie sabe lo que va a pasar. Más aún: nadie sabe lo que no va a pasar. En la elección del próximo domingo, por ejemplo, Calderón puede ganar o perder, López Obrador puede perder o ganar, y Madrazo puede perder o perder. Ni siquiera esto último es cosa indubitable. Quienes han visto al candidato priista en los últimos días lo han visto tranquilo y confiado. Sus partidarios piensan que si no hay abstencionismo, si más de la mitad de los ciudadanos registrados en el padrón electoral van a votar,