Grandes errores he cometido yo en la vida, errores a cuya suma doy el pomposo nombre de ?experiencia?. Pero he tenido también aciertos buenos. El mayor fue escoger a la esposa que escogí (o haber dejado que ella me escogiera). Con mi mujer ?mi señora- he vivido 42 años, y espero vivir todos los demás que Dios y ella me dejen. Eso por lo que hace al verso de la vida. En la prosa tuve otro acierto espléndido: desde que me casé tomé la decisión de entregarle a mi esposa todo el dinero que ganaba. Contrarié el proverbio que decía: ?A la mujer ni todo el amor ni todo el dinero?. En aquellos años la mujer era considerada una especie de menor de edad o incapaz sujeta a tutela perpetua, una criatura débil de entendimiento y de carácter frívolo, que no podía por tanto administrar ese bien tan valio