Nosotros domingo 18 de jun 2006, 11:22am - nota 19 de 33

CRÓNICA DE VIAJE


CRÓNICA DE VIAJE

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POR RICARDO RUBÍN

ÁMSTERDAM, CIUDAD DE QUESOS Y CANALES

Ámsterdam le ganó el título de ?swinging? a Londres, y de tolerante a Escandinavia.

Uno de sus atractivos principales siguen siendo los canales, donde las prostitutas muestran sus encantos detrás de vidrieras, luciéndose bajo luces tenues en escaparates situados a la vista de todos, cerca del centro de la ciudad y a sólo seis cuadras del Palacio Real.

Sorprende también el gran número de hombres jóvenes que se dedican a esa antigua profesión, y la tolerancia que hay para el tráfico y consumo de drogas. No es nada raro ver en muchos cafés y bares a los jóvenes fumar marihuana o comprando a la vista de todos, incluso de la policía, sobres de todo tipo de drogas. Y esto se explica porque en Holanda el consumo de drogas está legalizado, aunque no su venta.

Cuesta creerlo, pero en la boite Pinochio las autoridades hasta protegen a los jóvenes drogadictos, que se dan vuelo. Lo malo es que se corrió la voz y los viciosos entran en tropel asustando a los turistas. Otra cosa común: la presencia de jóvenes gay de ambos sexos.

Hay centenares de muchachos y muchachas en carreteras pidiendo aventones, y otros tantos en la Dam Plaza, precisamente bajo las narices de la Real Familia Holandesa. El Gobierno financia una especie de hotelitos-albergues-pensiones con dormitorios mixtos y comunales para 20 o 30 adolescentes, pero a pesar de esa promiscuidad impera el orden.

Como estuvimos en Ámsterdam en la estación más placentera del año, nada era tan grato como acostarnos en el pasto y olvidarnos de que pronto tendríamos que regresar a casa. Pero eso les sucede a todos los viajeros. Y también nos encantaba ir al Mercado de Flores y al de Quesos, para admirar la bella abundancia de tulipanes de todos colores y variedades, y las enormes bolas del famoso queso holandés en más de 20 especialidades, aunque el Gouda es el más solicitado.

Marianicke, una joven hippie que conocimos, piensa regresar en barco a Estados Unidos. Nos acompañó a una fábrica de diamantes. Una covachita en la que había una fortuna en esas y otras piedras preciosas. Por supuesto, la vigilancia es grande y hay detectores y cámaras de televisión por todas partes.

Luego nos fuimos a comer a un restaurante indonesio, y todavía me arde la garganta de lo picoso de los platillos.

Visita obligada a la cervecería Heineken, donde elaboran la cerveza holandesa que más se vende en el mundo. Le invitan a uno grandes tarros de la cerveza rubia, aunque ligeramente amarga y fuerte, acompañada de bocadillos.

Fantasía se llama un club donde prohíben la venta de bebidas embriagantes, pero en cambio se consume con toda libertad hachis de la India y toda clase de drogas. Y hablando de drogas, el Gobierno anunció que se publicará un folleto sobre su uso y abuso.

A cada paso hay librerías y puestos de revistas con desnudos masculinos y femeninos que exhiben a la vista. Dato curioso: las inglesas visten las minifaldas más cortas, y le siguen las holandesas y las griegas.

El mayor orgullo de Holanda son sus quesos, sus suecos, sus tulipanes y sus canales. También produce buena ginebra, y la mayoría de la gente se traslada en bicicleta.

Ámsterdam, su capital, fue construida sobre el río Amstel, y de ahí su nombre. Es una ciudad que se extiende en círculos concéntricos de canales alrededor del casco antiguo, lo que le da su aspecto tan personal y único. El aeropuerto Schipol tiene comunicación por tren a la Gran Estación Central, en cuyos alrededores palpita la vida nocturna de la ciudad, y en Verano se transforma en centro de artistas callejeros.

El Hotel Internacional, limpio y barato, donde nos hospedamos, está a orillas de un pequeño canal, y eso nos permitió disfrutar de la vida diaria de los holandeses. La ciudad está dividida en zonas, y una de las más interesantes es donde está el barrio medieval. La avenida Damrak es la calle principal de la capital de Ámsterdam, y la Plaza Dam es el corazón de la ciudad. Llama la atención el monumento dedicado a los caídos, que tiene la forma de colmillos de elefante y que es punto de cita de parejas y amigos.

En la parte oeste de dicha plaza está el Palacio Real, que se puede visitar, y otros atractivos de esta ciudad son la tumba de Rembrandt y la casa-museo de Ana Frank. Ámsterdam es también una ciudad de museos, y entre los principales están el Marítimo, el de Historia, el Van Gogh, el Rijks y su colección de pinturas holandesas del siglo XVII, y el Judío con un bello jardín.

Pero para conocer bien la ciudad hay que caminarla, o recorrerla en esos cómodos botes con techo de vidrio y guía que explica los detalles de todo lo que se ve. Sorprenden las casas tan estrechas y altas, la mayoría de madera. Todas tienen en lo alto una polea que sirve para poder introducir o sacar de la casa los muebles y demás enseres, pues de tan angostas que son muchas cosas no pueden ser llevadas por las escaleras.

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