Un grupo de mexicanos veía desde un puente la competencia olímpica de regatas. Pasan los remeros ingleses, y los mexicanos empiezan a injuriarlos a grandes voces: ?¡-uleros! ¡-abrones! ¡-endejos!?. Los ingleses ni siquiera los miran: siguen remando con perfecto compás. En seguida pasan los remeros alemanes. ?¡-abrones! ¡-endejos! ¡-uleros!? ?les gritan los mexicanos a una voz. Los alemanes ni aun parecieron escuchar esos insultos. Pasó un tercer equipo. Gritan los mexicanos otra vez: ?¡-endejos! ¡-abrones! ¡-uleros!?. Los remeros que pasaban dejaron de bogar. Furiosos, soltaron los remos, se pusieron de pie sobre la canoa, y esgrimiendo los puños se pusieron a gritar a su vez: ?¡-inguen a su m..., -inches ?utos!?. Los mexicanos se entusiasmaron al oír aquello: ?¡Son los nuestros! ?exclamar