Murió una pulguita. Había sido buena toda su vida, pero no puede haber pulguitas en el Cielo, de modo que San Pedro le preguntó dónde le gustaría pasar la eternidad. "-En el perro de una señora rica" -pidió ella. San Pedro obsequió su petición, y de pronto la pulguita se encontró en el french poodle de una millonaria. Un mes después San Pedro buscó a la pulguita y le preguntó: "-¿Cómo te ha ido?". "-Muy mal -responde ella con tristeza-. La mujer baña a su perro dos o tres veces cada día, lo perfuma con aromas nauseabundos, lo llena de talco fino todo el tiempo. No puedo vivir en paz". Inquiere el portero celestial: "-¿A dónde te gustaría ir, entonces?". Pide la pulguita: "-Quisiera estar en algún hombre". Otra vez San Pedro atendió la solicitud, y puso al insectito en el bigote de un sujet