Nosotros domingo 13 de nov 2005, 11:22am - nota 1 de 31

Contraluz / SENSIBILIDAD SOCIAL

Por: Dra. Ma. Del Carmen Maqueo Garza


Los estudiosos analizan nuestra sociedad contemporánea, y emiten una y mil teorías que traten de explicar los comportamientos de hoy.

Los padres de familia vamos del azoro a la profunda preocupación, observando el medio ambiente en el cual, gústenos o no, han de formar parte nuestros hijos.

Como padres seguimos viéndolos como niños, y en ratos nos da la impresión de que el mundo con sus fauces dentelladas va a triturarles el alma, y a exprimir el espíritu de sus cuerpos.

Los chicos, por su parte, se mueven con mayor libertad, pero avanzan al filo de la navaja, de manera que con mucha facilidad pueden resbalar y caer. Pueden fracturarse severamente, y para siempre. Mas no hay de otra sopa: o avanzan por el filo de la navaja, o se estancan.

En ratos parece que las creaciones del hombre le van rebasando; que la pesadilla de los primeros científicos de la era computarizada van volviéndose realidad.

Hay hechos que son ciertos: la ciencia avanza incontenible; la tecnología se perfecciona más cada día; los límites para la creatividad humana han salido de nuestro entorno inmediato y van alcanzando galaxias lejanas.

Y en medio de todo aquello se halla el hombre, desnudo y frágil, tratando de hallar su reflejo personal entre las imágenes, pero no se encuentra a sí mismo.

Valdría la pena pensar en volver un poco atrás, y reencontrar el camino humano que hemos perdido.

La palabra ?sensibilidad social? es capítulo elemental de la convivencia humana, dolorosamente la utilizamos demasiado poco. Es ese elemento que diferencia a una sociedad con elevada calidad humana, de una que no tiene esta preciosa característica. Desgraciadamente, la sensibilidad social no va de la mano con el conocimiento; es una cualidad que no se adquiere en escuelas o universidades, sino que se aprende en casa, junto con una pléyade de valores que brindan a un grupo excelencia humana.

Hace un par de días, veo una mujer que avanza pesadamente, ayudada por un andador. Su figura dice que se le han cargado los años, las enfermedades y la soledad. Busca la oficina X, y cuando comprende que para llegar a dicha oficina tendrá que subir una escalera de no menos de diez peldaños, se derrumba en una silla, y se pone a llorar. Su cansancio es un llamado a la sensibilidad social, que no siempre es escuchado.

Sensibilidad social es voltear ante quien pasa a nuestro lado; salir de nuestro caparazón y entender que habitualmente las necesidades de otros son más urgentes que las propias.

Es, entonces, estirar la mano y tratar de ayudar. No con lo que sobra, con lo que ya no utilizo... Es ayudar con el corazón, con el precio invaluable de un momento de atención, de una palabra sanadora, de una acción que aliviane a otro su pesada carga, aunque sea por un gramo.

Sensibilidad social es no encerrarse en las propias convicciones y atacar. Sino lo contrario, entender que los humanos somos parte de un todo, y que el arte de vivir es gozar las coincidencias, y no atacar las diferencias.

Es salir por completo del cascarón para extender los brazos a lo alto y ver que, igual como el sol nos obsequia a todos sin distingo, así nosotros haríamos bien en acoger a quien tiene una religión, una ideología, o un origen diferente al propio.

Sensibilidad social es preparar el camino para que el que viene atrás no tropiece. Pero manteniéndonos a suficiente distancia de él para que no resultemos pagados por su agradecimiento.

Sensibilidad social es no tirar ese papel al suelo, y afear la ciudad que es de todos. Es respetar las señales de tránsito, brindando un pequeño homenaje a la vida y la integridad de los demás.

Sensibilidad social es hacer esas pequeñas cosas de todos los días, por las que nadie nos dará aplauso ni reconocimiento. Pero hacerlas convencidos de que es lo que nos corresponde.

Sensibilidad social es hacernos uno con el que sufre, y regalarle un poquito de nuestra persona, de nuestro a tiempo, de nuestra charla.

Es tener la claridad de mente para entender la regla de oro. Yo puedo ser el afectado por las omisiones, los descuidos, o las desatenciones de otros.

?Quien siembra vientos, cosechará tormentas?. Hacer el bien que el otro necesita (no el que yo quiero imponerle) es abortar esos vientos, inactivarlos antes de que nazcan.

¿Tenemos la sociedad que queremos, o queremos a la sociedad que tenemos? Juego de palabras que valdría la pena reflexionar en ambos sentidos.

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