Conoceréis la verdad, y la verdad os hará... mentarle la madre al que os la dice. La verdad, en efecto, jode mucho, y saberla es a veces doloroso. Por eso preferimos la mentira, generalmente más cómoda y amable. En ella puede uno vivir repantigado, como en muelle sillón acogedor. Pero de la mentira nada bueno dimana nunca sino más mentiras, pues una mentira necesita de otras para seguir viviendo. Siempre, no obstante, al final esplende la verdad, porque es señora terca que acaba siempre por llegar. Lo que de noche se hace de día aparece. Ahora bien: ¿a qué este exordio tan magnílocuo? Lo empleo para hacer el comentario de la iniciativa presentada por el PAN a fin de cambiarle el nombre oficial a nuestro país, cuyo despatarrado nombre mentiroso es uno que jamás usamos: Estados Unidos Mexic