Libidiano Pitonier, galán concupiscente, le pidió a una muchacha la dación de su más íntimo tesoro. "-¡Óigame! -exclama ella con ofendida dignidad-. ¡Está usted hablando con una dama!". "-Precisamente -replica Libidiano, cachazudo-. No pensarás que iba a pedirle eso a un caballero"... Don Wormilio era hombre tímido, apocado. A su mujer, doña Holofernes, la mortificaban el encogimiento y pusilanimidad de su consorte. Un día cortó por lo sano. "-Ten este dinero -le dijo entregándole billetes-. Ve a una casa de mala nota y gástatelo todo, a ver si de ese modo te despabilas algo". Salió de su casa don Wormilio. Iba muy acoquinado, pues nada sabía de establecimientos como el que su señora mencionó, ni se le alcanzaba la manera en que emplearía aquella suma: en la vida su esposa le había permiti