Nosotros martes 4 de oct 2005, 11:22am - nota 5 de 13

CINCO CURAS PARA LA IMPUNTUALIDAD

Por: Gaby Vargas


Sí, estoy de acuerdo, todos alguna vez hemos sentido la pena de entrar a algún lado de puntitas, con el corazón agitado, deseando ser transparentes, llenos de justificaciones y con cara de perdón, se me hizo tarde...

Sin embargo, ¿conoces a alguien que tiene el hábito de la impuntualidad crónica? ¿Qué tiene la inexplicable habilidad de levantarse a las seis y de todos modos siempre llega tarde a trabajar? ¿Personas que del ?más vale tarde que nunca? han hecho una forma de vida; que llegan al final de fiestas sorpresa, desayunos, juntas o funerales; lo que sea?

Las investigaciones demuestran que este hábito es difícil de superar y que se parece, de muchas maneras, a comer en exceso. Como el que se levanta con la firme decisión de hacer dieta, el impuntual crónico promete llegar a tiempo. Y así, como el primero se rinde ante el primer chocolate o taco que se le atraviese, el impuntual crónico sucumbe a la tentación de hacer esa ?última cosa? antes de salir de su casa.

¿Los tempraneros serán unos exagerados y apretados, o en verdad es tan importante ser puntual? A juzgar por todo lo que conlleva, vale la pena ser puntal: de lo contrario, se afecta tu autoestima, se sabotean las relaciones, impacta la vida de otros, da muy mala impresión, disminuye el respeto que otros tengan por ti, cuesta a las empresas, y lo peor es que causa un efecto de bola de nieve.

Habría que analizar que todo hábito negativo que adquirimos es porque consciente, o inconscientemente, en el fondo recibimos un beneficio. ¿Cuál?

Existen cinco tipos de impuntuales crónicos con hábitos y motivaciones que, en general, caben en una de estas categorías: El Hacedor, El Racionalizador, El Adicto a la Adrenalina, El Relajado o El Rebelde.

El Hacedor. Es el que siente que tiene que exprimir cada minuto del día y constantemente compite con el reloj. Tiene un pensamiento mágico con el que sobrestima el tiempo y cree que va a poder hacer todo en un lapso específico. Aun cuando su reloj le indica ?ya salte?, piensa que sí puede hacer otra cosa más.

Cura: Cambia tu mantra. Si me apuro, puedo hacer... Detente, respira hondo y mejor repite algún mantra de éstos: ¿estoy siendo optimista o realista? ¿Estaré haciendo demasiadas cosas? o ¿Esto lo hago porque lo necesito o porque me gusta? Enfoca tu atención.

El Racionalizador. Es aquél que, al llegar tarde, siempre tiene la excusa perfecta: el tráfico, los niños, mi jefe, lo que sea; siempre culpa a otros o a las circunstancias; minimiza las cosas, no reconoce que es su culpa o que en algo intervino, y se convence a sí mismo de que es la víctima.

Cura: Reconoce el problema; revisa honestamente todos los momentos penosos, agonizantes, las multas, las reprimendas y las oportunidades perdidas y lo que esto afectó. Pregúntate si puedes prevenirlo y cómo. Empieza a monitorear tu puntualidad y anótala en un calendario. Comprende que llegar tarde es una opción, y las opciones las escogemos de acuerdo a las prioridades en la vida. Enfócate en los demás y piensa en su frustración y en lo que ellos tuvieron qué hacer o dejar de hacer para llegar puntuales.

El Adicto a la Adrenalina. Es el que espera hasta último minuto para actuar, porque siente que trabaja mejor bajo presión. Se aburre rápido y disfruta vivir en el límite porque... es más divertido. El llegar a un lado de una manera tranquila y metódica simplemente no se lleva con su afinidad por la vida agitada.

Cura: Reconoce cuándo y cómo creas tus propias crisis. Date cuenta cuándo empiezas a actuar en ?automático? y a posponer las cosas. Una de las mejores formas de deshacerte de un hábito es suplirlo por otro. Si necesitas la adrenalina del último minuto, busca otro tipo de estímulo que te la proporcione, como la satisfacción que te da dominar tus impulsos y lo bien que te sentirás cuando llegues a tiempo. Empieza un juego contigo mismo(a). Contempla si puedes llegar diez minutos antes tres veces a la semana. Hazlo divertido y date premios o castigos.

El Relajado. Es aquél al que le cuesta trabajo ser disciplinado y posponer el placer. Ya que está listo para salir, consciente o no, escoge hacer algo que provoca llegar tarde. Quizás, se baña con toda calma, toma otra taza de café, se cambia una vez más de ropa, lee otro artículo del periódico o hace esa última llamada. Puede ser disciplinado en otras áreas de su vida, pero no para llegar a tiempo.

Cura. Aprende a aumentar tu tolerancia a la incomodidad. Es cierto, la mayoría caemos en la tendencia de hacer lo que sea más cómodo; nacimos hedonistas. Sin embargo, la habilidad de hacer lo que quieres por lo que tienes, es básica para llegar a tiempo. La fuerza de voluntad es como un músculo. Practica la incomodidad; por ejemplo, cada día renuncia a algo pequeño. Si normalmente tomas dos tazas de café, toma una y media, si pasas veinte minutos en la regadera, báñate en quince. Considéralo un juego, una prueba en contra de tus instintos.

El Rebelde. Es aquél al que le gusta sentir que controla una situación y se rehúsa a ser controlado. Se le dificulta aceptar la autoridad y necesita ser y aparecer como alguien importante, especial, diferente. Le encanta desafiar las reglas, ver cómo otros aprietan los dientes y no siente la menor pena al llegar tarde. Puede ser un problema de baja autoestima.

Cura. Comienza por darte cuenta cuándo y por qué te rebelas. Observa, ¿te resistes a las reglas sólo en el trabajo, o también en los asuntos familiares? Trata de analizar cada situación en particular y pregúntate si en verdad vale la pena que esto origine que ganes enemistades. Tarde o temprano, verás cómo cooperar es parte de la vida y que es muy gratificante hacerlo.

Pensemos que lo más importante para un ser humano es la vida, y la vida está formada de años, meses, días, horas, minutos, segundos, en fin, tiempo. Si llegamos tarde, estamos haciendo perder el tiempo al otro, por lo tanto, robándole lo más valioso que tiene. Así que seamos puntuales.

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