Empieza la columneja de hoy con un vitando cuento purpurino. Lo leyó ayer doña Tebaida, presidenta de la Pía Sociedad de Sociedades Pías, y cayó en cama víctima de una apoplejía estridulosa con espasmo hidatídico de glotis, disnea obliterante, inflamación de coxis y mefítico flato catingoso. Recetó el protomedicato cataplasmas de pera bergamota (o sea de Bérgamo), pero las rechazó doña Tebaida, porque se oye muy feo, según dijo. Las personas que guardan pudicicia han de abstenerse, cautas, de pasar la mirada por tan procaz historietilla, no sea que sufran algún insulto o síncope, lo cual lamentaría mucho este escritor. Va el relato... Era invierno. Soplaba un cierzo gélido que calaba hasta la médula de los huesos. Reinaba la noche en la ciudad. Desiertas las calles, sólo un gendarme hacía