Dos marcianos descendieron de su platillo volador. Era de madrugada; en las calles de la ciudad no había gente. Pasaron los extraterrestres por una gasolinera. El que iba delante se planta frente a una de las bombas y le ordena con voz ronca y gutural: "-¡Condúceme ante tu jefe!". El otro marciano se acerca a su compañero y le dice al oído: "-No te metas con ese tipo. Es peligroso". "-¡Bah! -se burla el primero-. Es sólo un terrícola. Hará lo que yo le mande". Así diciendo le apunta a la bomba con su rifle de rayos y le ordena otra vez: "-¡Llévame con tu jefe". La bomba, claro, no responde. "-Déjalo en paz -vuelve a recomendar el otro marciano con temor-. Te digo que ese sujeto es peligroso". "-¡Conmigo se shinga!" -exclama su compañero empleando esa palabra altisonante del idioma marciano