Decía doña Jolila, señora llena de achaques, alifafes y dolamas: "-Todos mis males vienen del alma". "-¿Del alma?" -se inquietaba una amiguita. "-Sí -suspiraba doña Jolila-. Del alma-naque". (También los hombres sufrimos esos ajes causados por el letal paso del tiempo. Enviudó una señora, ya madura ella pero con pedacitos aún aprovechables. Sus amigas se propusieron conseguirle nuevo esposo. "-¡Ya te encontramos un partido! -le dijeron un día, jubilosas-. Se trata de don Senilio. Es un señor muy serio, muy decente, sin vicios y -lo mejor de todo- de fortuna". "-¿Qué edad tiene?" -pregunta la viuda con cautela. "-Pasa de los 70" -le responden. "-¡No! -rechaza con energía la señora-. ¡No quiero batallar con próstatas que ni disfruté!")... Seguramente el legislador de Nuevo León no pensó que