EDITORIAL lunes 13 de ene 2003, 11:22am - nota 6 de 7

Pequeñeces/Buen principio

Emilio Herrera

He estado fuera de la ciudad y, ya de regreso a ella, entre abrazos y buenos deseos, apenas si he tenido tiempo de leer mis “Siglos” atrasados, pero, me cuentan que las cosas principian bien en el manejo de la ciudad y que, por ejemplo, en Torreón Jardín, a las primeras de cambio se ha puesto orden en el paseo dominical de los jóvenes.

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Si esto ha sido así, ¡qué bueno!, pues sólo quiere decir que los problemas, cualesquiera que sean, y del tamaño que sean, todos se resuelven metiéndoles mano, ninguno por sí mismo y menos dejando pasar el tiempo para que él se encargue. Entre nosotros la mejor prueba de ello la tenemos en los problemas de los vendedores ambulantes que no ambulan y en los transportes en los que el tiempo lo único que ha hecho es hacerles crecer.

Cuentan que durante el Directorio, el gobierno que funcionó en Francia antes de Bonaparte, el mayor peligro era el Club de los Jacobinos, enemigos irreconciliables del Gobierno y que todos eran gente muy conocida y poderosa. El Gobierno consultó con Fouché, su jefe de Policía, y Fouché dio su opinión claramente. Les dijo que la solución era disolver el club y cerrar su local.

Le dijeron que para eso se necesitaba a alguien que fuera capaz de hacer aquello, así que lo que faltaba era el hombre. Y entonces les dijo que lo que era hombre lo tenían, que lo que pasaba es que eran incapaces de verlo, pues lo tenían enfrente. Que el hombre capaz de hacer aquello era él.

Al día siguiente, se presentó él solo, sin armas, en el club. Uno de los miembros estaba perorando contra el Gobierno. Fouché subió a la tarima, apartó al que hablaba y dijo que estaba allí para comunicarles que aquel club había sido disuelto y que iba a cerrar el local.

Nadie se atrevió a oponerse. Todos, a indicación de Fouché, abandonaron la sala. Fouché pidió la llave al conserje, le ordenó salir, salió él detrás, cerró la puerta y guardó la llave en el bolsillo. Y así fue disuelto, por la autoridad de un solo hombre, sin orden ninguna, ni papeleos, el famoso club que tanto había combatido al Gobierno.

Fouché fue el creador y organizador del Ministerio de Policía, que nunca había existido antes.

Pero, esto pasa con todo. Seguramente los que acaban de hacerse cargo de los respectivos departamentos, todos han encontrado problemas de esos que parecen no tener punta por dónde comenzar. Esperar descubrirla les llevará mucho tiempo, así que lo que deben hacer es comenzar por cualquier lado, sólo eso les mostrará la punta que buscan. Lo importante es no dar la impresión de no saber lo que tienen qué hacer. Cada tres años los ciudadanos de Torreón nos llenamos de esperanzas con los nuevos funcionarios que pensamos harán lo que no hicieron los que se fueron y lo harán de manera más eficaz. Y estos son los días de causar buena impresión, de no desilusionar a aquellos que creyeron en ellos y los llevaron a donde están. Y no sólo a ellos, al resto de la población también.

El ejemplo de Fouché sigue hoy siendo tan bueno y aplicable como hace dos siglos: Hacer lo necesario de inmediato.

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