Estrenar año es como estrenar coche: lo hace uno con gusto aunque sabe que quizá alguna vez va a recibir un golpe. Yo siempre hago propósitos de Año Nuevo. No los apunto, sin embargo. Si los escribiera me daría cuenta de algo: los que hice para este año son los mismos que hice para 1993... Y para 1983... Y para 1973... Así, esta vez no me propondré, por ejemplo, poner en orden mi biblioteca. Me propondré sencillamente poner en orden el primer estante. Comenzar una obra es lo mejor que se puede hacer para acabarla. Acostumbro ir a la iglesia el día primero de cada año. Es día de pedir, ya sabe usted, y ante Diosito los hombres somos siempre niños: por eso no le molestará que le pidamos siempre. Yo no le pido que me evite sufrimientos. Eso sería como pedirle que me evitara gozos. Dolores y a